Carmela Peralta: Nunca le tuvo miedo al trabajo!

Carmela Peralta: Nunca le tuvo miedo al trabajo.

Su nombre era María del Carmen Peralta Genao. Nació en La Cuesta, cerca de Santiago el 8 de mayo del 1902.  María Genao, la mamá de Carmela era como el médico del campo. Su papá, Pedro Peralta cosechaba tabaco.  Eran personas sencillas, humildes.  Criaron a sus hijos con muchos principios.

En su juventud, fue una muchacha muy despierta, muy decidida.  A ella le encantaba montar caballo al pelo, sin montura.  Y según ella, en esas carreras era capaz de pararse sobre el caballo. Así de fuerte era su temperamento. Fue la modista de esos campos. Hacia trajes de hombre de kaki y fuerte azul. Cosía los uniformes de los militares. Hacia también  pantaloncillos y franelas de algodón.  Era una diseñadora.  Entallaba vestidos y ropa de mujer. Tenía también muchos animales.

En La Cuesta se celebraban las fiestas patronales del Carmen, que culminaban el 16 de junio.  Llegaban gentes de diferentes regiones del Cibao.  Eran  8 días de fiesta.  En esas fiestas se conocieron Carmela y Casimiro.

En los primeros años de su vida juntos,  su situación económica era holgada, ya que Casimiro era un rico hacendado que poseía fincas y negocio de tabaco.  Esto le permitía a Casimiro llevar una vida de opulencia, y fue capaz de tener hasta cuatro mujeres embarazadas al mismo tiempo. Casimiro era casado, tenía su esposa Lucinda, otra familia, pero pasaba más tiempo en casa de Carmela.

La situación cambió, al confiscar Trujillo tres fincas que Casimiro tenía en Cotuí. Los negocios de tabaco no iban muy bien.  Fue entonces que Carmela dejó claro que no le tenía miedo al trabajo. Se dedicó a comprar el derecho de las cocinas de las galleras en los campos de San José de Las Matas.

El miércoles ella mataba cerdos, con un ayudante.  Y hacía morcilla, longaniza, chicharrones, y la otra carne la salaba, la sazonaba. El jueves en la tarde se iba en caballo a San José de Las Matas con Pedro Pablo, Bule y algunos de los hijos de  Lucinda. También iba con Melania, quien ya se había casado con Bule, y a quien ella quiso como a una hija. Regresaba los domingos en la noche muy cansada, pero con mucho dinero.  De lunes a jueves Carmela era la modista del pueblo.

Carmela era una mujer guapa.  No le tenía miedo a ningún hombre. Cuenta Minerva, que en sus 15 años, Carmela le hizo una fiesta y un hombre se quiso propasar con una sobrina, y Carmela le dio una galleta que el hombre rodó fuera de la casa. En otra ocasión, resulta que Carmela tenia en su casa su conuco sembrado de berenjenas, verduras, tomates y también batata.  Había una vecina que tenia unos puercos que entraban al conuco y le sacaban las batatas, y Carmela, que le decía a la vecina que amarrara sus puercos, y la vecina que no le hacia caso.  Hasta que un día, después de ir al pozo a sacar agua, se encontró con la vecina y la agarró por los cabellos, y le dio tremenda golpiza.  Los puercos fueron amarrados después de esto.

Fue fuerte como madre, para poder dominar sus diez hijos.  Les dio amor,  escuela,  todo lo que necesitaban. Enseñó a sus hijos a defenderse y defender a los suyos.  Gracias a ella todos sus hijos han sido fuertes, trabajadores.

Carmela  era vanidosa, presumida, le gustaban las prendas, era coqueta, elegante.  Se hacia ella misma su ropa.  Tenía su pelo largo, negro.

Ella vivió una etapa difícil cuando fue a vivir para la capital, con varios hijos, y los negocios ya no eran lo mismo.

Sucedió entonces que la esposa de Casimiro murió en Santiago, y al no haber impedimento alguno, Carmela y Casimiro decidieron celebrar su matrimonio.  Se casaron en la Parroquia Santa Ana el 30 de enero del 1965.  Pero, apenas 17 días después, Casimiro murió de un infarto al corazón, el 17 de febrero de ese mismo año.  Esto causó un gran dolor a Carmela, ya que Casimiro había sido su compañero de toda la vida.

Ya algunos de los hijos vivían en los Estados Unidos, y ellos le arreglaron los papeles a Carmela para que se fuera hacia allá. Aquí inició otra etapa en su vida de comerciante, ya que viajaba cada cierto tiempo, compraba mercancía y la traía para Santo Domingo, y al venderla, obtenía dinero que le cubría las necesidades de su casa y de ella misma.

Recuerdo cuando llegaba, con las maletas y un baúl negro, grande, lleno de ropas y mercancías.  Todas las paredes de  la sala de su casa, en la avenida 17, se llenaban de ropa enganchada en perchas, y ella personalmente se encargaba de su venta.

Carmela era alegre, disfrutaba de los viajes, los paseos y tenía en sus labios, siempre, una canción.  Dice Chana, que cuando ella hacía giras de la familia,  Carmela ponía todos sus trajes de baño en la cama para escoger cual le quedaba mejor.  Así era ella de coqueta.  Y en la guagua, todo el mundo quería sentarse cerca de ella, porque llevaba una funda grande llena de comida y picadera que repartía a todo el mundo. Y ni hablar de la alegría contagiosa que la acompañaba siempre. Le gustaba cocinar para su familia un caldo espeso con arroz, guandules y carnes, que ella llamaba “sopón”.

Carmela no se perdía las peleas de lucha libre de Jack Veneno por televisión.  También veía siempre los programas de Freddy Beras.  En ese tiempo se escuchaba mucho el grupo puertorriqueño de Los Chicos, y uno de ellos era Chayanne, que tendría unos 12 ó 13 años.  Carmela le gustaba mucho el anuncio de Trópico, un chocolate en botella en el que Chayanne actuaba.

Pero, el tiempo deja sus huellas, y la salud de Carmela entró en un proceso de deterioro,  producto de su edad. Los hijos decidieron que ella se fuera a vivir a casa de Minerva. Ramón fue de los hijos que más quiso a Carmela.  Desde niño, ese amor era grande. El se hizo cargo de todas las necesidades de su mamá, después que ella cayó enferma. China también se dedicó a cuidar a Carmela, y la atendió como una hija. Ella correspondió a Carmela grandemente.

Carmela tenía una foto de Elpidio, y ella lo mimaba como su niño. A ese niño había que “darle el biberón, cambiarle pañales, y si gritaba, había que atenderlo”, todo esto producto ya del avance de su enfermedad.

Mas adelante, Carmela vivió con Nena, ya que la casa de ella era más grande.  Por el cuidado de Nena y Ramón, Carmela pudo vivir bien atendida durante mucho tiempo. Ella estuvo en cama 6 años y medio.  Todos los hijos cooperaron de una u otra manera en el cuidado de su mamá.

Carmela murió como ella quiso.  Ese día había amanecido bien contenta, lo cual hizo que Nena y Minerva salieran de la casa por un momento para ir a ayudar a Chana a arreglar una tienda nueva que ella iba a abrir. Y la muerte le llegó en  brazos de la China. Así ella se despidió: para que la última vez que la vieran, la vieran feliz, y  que sus tres hijas estuvieran siempre unidas.  La fecha de su muerte fue el 12 de julio del 1988. Tenía cumplidos 86 años.

Su funeral fue un encuentro de muchos primos y tíos que hacía tiempo no nos veíamos.  En el ambiente, aunque estaba la tristeza por la partida de un ser extraordinario, se percibía un sentimiento de conformidad y el orgullo de ser parte de la vida de una mujer fuerte, que amó el trabajo, y que transmitió a todos la alegría y el entusiasmo de vivir.

 

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